EQUINOTERAPIA, ALTERNATIVA DE RECUPERACIÓN
Por: Cristina Pérez-Stadelmann EL UNIVERSAL

El caballo produce impulsos rítmicos y un patrón de
locomoción tridimensional.
MÉXICO, D.F.- Era el primer día de noviembre de 2003. Ruth
compró un cuaderno y comenzó a escribir: “Estoy embarazada.
Acabo de saber que serás una niña; y queremos que te llames
Ximena”. En la portada escribió: “Diario de Ximena”.
Su hija nacería de siete meses (prematura), con un peso de
apenas dos kilos, doble cordón umbilical enredado, sufrimiento fetal, y al año
tres meses tendría su primera operación a corazón abierto.
Estudios genéticos realizados en el Centro Médico Nacional
20 de Noviembre, fueron determinando que Ximena no tiene Síndrome de Down, ni
autismo; y que sólo será con el paso del tiempo hacia su adolescencia, cuando
podrá quizás conocerse cuál es exactamente su diagnóstico.
“Tiene un padecimiento aún desconocido, como consecuencia de
haber nacido con un cromosoma de más”, explican sus padres.
Esto se reflejó, a los tres meses de nacida, al no succionar
para amamantarse, caminó tardíamente, y con el paso del tiempo no hablaba.
Hoy se ha detectado que tiene un retraso mental leve, falta
de maduración, integración sensorial, retraso en el desarrollo sicomotor, en la
sicomotricidad fina, en la lecto-escritura, problemas gripales y
gastrointestinales; estos últimos le suscitan dificultades al evacuar, por lo
que se pronosticaba que próximamente tuviera una operación de intestinos.
“Pero al ponerla boca abajo, sobre el lomo del caballo, su
galope le masajea el estómago, y es cuando ella puede realizar las funciones
normales de evacuación.
Esto se conoce como terapia de costalito, y con este método
sus problemas gastrointestinales han mejorado 100%”, dice su madre quien
trabaja en la Secretaría de Hacienda.
Ruth continúa llevando rigurosamente el diario de Ximena; y
va dejando constancia de la suma de sus logros: A los 5 años 9 meses entraste
por primera vez a equinoterapia.
Tu caballo favorito es blanco y se llama Capuchino”. Este es
el nombre del caballo que su hija monta una vez a la semana durante 30 minutos,
tomándole las riendas, mientras Isidro Martínez Suárez, comandante de
Equinoterapia de la Policía Metropolitana Montada, la guía e instruye al
caballo.
Los padres de Ximena, a lo largo de cuatro años de terapia,
han visto progresos tanto en su conducta, como en las habilidades motrices.
Ya en el ruedo, y caminando delante de Capuchino va Ruth
junto con el instructor, quien le va indicando: “Ximena, gira hacia tu derecha,
ahora hacia la izquierda, de frente, ahora vamos hacia atrás”.
Si ella olvida cuál es su izquierda, el instructor se
encarga de colocar un listón rojo en la rienda izquierda del caballo, con el
fin de ubicarla en el espacio, y desarrollar su lateralidad.
“La equinoterapia es una técnica que funciona gracias a los
movimientos del animal al caminar, los cuales producen vibraciones en el
paciente que son trasmitidas por la médula con una frecuencia de 180
oscilaciones por minuto; esto equivale a la información que el cerebro recibe
cuando caminamos”, explica Isidro Martínez Suárez.
¿Dónde está el cielo?
Mientras el caballo avanza el instructor pregunta a otro
niño con Síndrome de Down: “¿Dime dónde está el cielo?”.
El pequeño alza la vista y lo señala. “Esto, entre otros
ejercicios, lo hacemos con el propósito de que su postura mejore, gane
equilibrio, mejore su autoestima, logre confianza en sí mismo; mejore tanto sus
impulsos agresivos como el fortalecimiento de su musculatura, mejore su
respiración, además el caballo proporciona un efecto mecedora de relajación
(renovación del arquetipo de la figura materna) que favorece su atención y
concentración mental”, agrega Martínez Suárez.
Al inicio del tratamiento se cabalga con montura, pero el
propósito es prescindir de ella, ya que el contacto directo entre el paciente y
el caballo produce cierto calor corporal que es fundamental y muy benéfico para
el niño o niña que lo monten.
La transmisión del calor corporal del caballo, es un
facilitador de la relajación muscular, ya que su temperatura es un grado
superior a la humana y tiene valor sicoterapeútico.
El animal produce impulsos rítmicos y un patrón de
locomoción tridimensional equivalente al patrón fisiológico de la marcha
humana.
Con este programa, la Secretaría de Seguridad Pública del
Gobierno del Distrito Federal, (SSP-DF) da atención diaria y de forma gratuita
a 120 niños, con distintos diagnósticos como síndrome de Down, autismo,
trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH); problemas de
aprendizaje, síndrome de West, parálisis cerebral infantil, debilidad auditiva,
ceguera, y problemas de lenguaje, entre otras.
30 policías de la SSP-DF, así como terapeutas en educación
especial, y sicólogos prestan su servicio de ocho de la mañana a una de la
tarde, con un método también conocido como hipoterapia.
Éste data de los años 458-377 a.C, cuando Hipócrates, médico
griego, llamado desde la edad media como el Padre de la Medicina menciona en su
libro Las Dietas, cuan saludable es el ritmo del caballo al andar.
Hoy, siglos después, este método continúa utilizándose,
aunque ha variado en accesibilidad, pues programas con el de la SSP-DF lo pone
al alcance de aquellos que no cuentan con aproximadamente dos mil pesos
mensuales, que es el costo aproximado de la equinoterapia privada.
Piden permiso
Previo a la terapia Isidro Martínez Suárez, se sitúa frente
al caballo, le toca la crin (o frente) y le pide su autorización para trabajar
con él.
Después pide al niño o paciente que lo cepille, y repita el
ritual. “Los caballos son como ángeles que dan mucho más de lo que reciben”,
comenta el también equinoterapeuta, quien está certificado con cursos en la
Universidad Politécnica de Pachuca.
Entre los requisitos que pide la Unidad de la Policía
Metropolitana Montada está un historial médico actualizado, o resumen clínico
de discapacidad funcional, donde conste por una institución de salud pública,
que el paciente no tiene ninguna contraindicación para asistir a la terapia con
caballos.
El programa consta de tres etapas: la primera es la
hipoterapia, donde el paciente se recuesta sobre el lomo del caballo para
recibir movimientos tridimensionales que le producen masajes; la segunda es la
montaterapia, cuando el paciente monta el caballo con la ayuda del instructor,
va con ella sobre el caballo, y la tercera es la equitación como deporte
adaptado: cuando el paciente ya se tiene el control del caballo.
En la última etapa el trote da masaje a piernas, pelvis y
espalda, comenta a sus vez la médico veterinario zootecnista Elia Dalman
Naranjo, coordinadora del Centro de Equinoterapia Xólotl-Huani.
Beneficios sicológicos
Dalman Naranjo confiere grandes beneficios sicológicos al
hecho de no rehabilitarse necesariamente en un hospital, o en un cuarto frío, y
sí en un espacio abierto y natural, como el ruedo donde ella trabaja con los
niños con diversas discapacidades.
A su decir, un espacio amplio beneficia no sólo a los niños
sino también a sus padres, que ante los diagnósticos y cuidados que requieren
sus hijos atraviesan en ocasiones por momentos de tensión: “Simplemente ver y
convivir con los caballos constituye en sí una terapia”.
El animal además tiene la característica de caminar de forma
tridimensional, que es similar al paso humano, logrando en el jinete el
desplazamiento de la pelvis hacia arriba, abajo, adelante, atrás y a los lados,
que es como un masaje.
La persona que habitualmente utiliza una silla de ruedas, al
efectuar equinoterapia, ejercita los mismos músculos que emplearía si caminara.
Esta tarde, arriba de uno de los caballos de Xólotl-Huani,
cabalga una niña que lee un libro, y con esto practica lectoescritura: “Arriba
del caballo es posible activar y poner a disposición nuevas áreas neuronales
para compensar áreas dañadas, a esto se le conoce como plasticidad cerebral, o
restauración neurológica funcional”, concluye su equinoterapeuta.




